1.De Abraham vendría una “descendencia”, este término está en singular y no en plural, porque no se refiere a los hijos de Israel, sino a Cristo. En Cristo serían bendecidos todos los pueblos y familias de la tierra. La bendición de Abraham es el Espíritu prometido (Génesis 12:1-4, 7; Gálatas 3:14,16).
2.Abraham no tenía hijos y su esposa, Sarai, era estéril. Por ello, Sarai le sugirió a su esposo que tuviera un hijo con su sierva Agar. Así, cuando Abraham tenía 86 años, nació Ismael. Después de que Abraham utilizara sus propios esfuerzos para obtener el cumplimiento de la promesa, Dios no se le apareció durante trece años (Génesis 16:1-16).
3.No usemos nuestro propio esfuerzo para ayudar a Dios en Su obra, sólo andemos en Su presencia. Hoy sabemos que andar en la presencia del Señor es oír y obedecer Su palabra. Aquellos que caminan en la presencia de Dios alcanzan la perfección. No es por nuestra capacidad, habilidad o astucia, sino por caminar en la presencia del Todopoderoso (Génesis 17:1-4).
4.”El que sirve al Señor debe tener forma de siervo como Jesús. Aunque siendo el propio Dios, Jesús no se aferro a Su posición; más bien, asumió la forma de siervo” (Filipenses 2: 5-8) (Alimento Diario, Libro 6, Sem. 2, Martes, pág. 24).